Ejes de trabajo
Vivimos un momento histórico de inflexión, caracterizado por la profundización de la crisis civilizatoria del capitalismo, que ya no se expresa solo en desbalances económicos o crisis ambientales episódicas, sino como un conjunto de violencias entrelazadas y sistemáticas que amenazan la vida misma: guerras, despojo territorial, violencias patriarcales, raciales y de clase, militarización, y una lógica social que busca moldear comportamientos, expectativas y subjetividades hacia la conformidad, la pasividad y la resignación.
Esta lógica de agudizamiento del sistema no sólo actúa a través de políticas explícitas, sino también mediante lo que podemos llamar disciplinamiento social: un entramado de prácticas culturales, mediáticas, institucionales y económicas que normalizan la desigualdad, favorecen la competencia individual, criminalizan la protesta y reducen la acción colectiva a formas inofensivas o cooptadas. Ese disciplinamiento no es solo control externo, sino estructura de sentido que condiciona desde adentro cómo pensamos, sentimos y actuamos ante la injusticia.
En nuestro continente, la crisis se expresa en la fragmentación de las luchas y en la dispersión de las fuerzas antisistémicas: procesos sociales que históricamente compartieron horizontes transformadores hoy se encuentran desarticulados, autoexigidos, agotados o absorbidos por dinámicas institucionales que reproducen partes del modelo que dicen desafiar. Esta dispersión no es solamente organizativa, es también cognitiva y emocional: se expresa en la dificultad para construir marcos compartidos de sentido, estrategias colectivas sostenibles y prácticas políticas que puedan encarnar alternativas reales a la lógica capitalista.
En México esta crisis se cruza con una situación política singular. Nuestro gobierno autoidentificado como de izquierda, enfrenta tensiones profundas: por un lado, las presiones externas (incluidas las del gobierno de los Estados Unidos y su agenda autoritaria), y por otro, la tentación permanente de mimetizarse con el modelo partidista caduco, clientelar y vertical que ha caracterizado al régimen político nacional. Esta tensión coloca al movimiento social en un terreno ambiguo y difícil de navegar, donde las expectativas pueden chocar con los límites institucionales y donde, muchas veces, la transformación estructural queda subordinada a lógicas de negociación coyuntural.
Frente a estos desafíos, debemos asumir con claridad que no hay cambio social profundo posible sin organización colectiva sólida, pensamiento crítico compartido y acción común sostenida. Más que reagrupar fuerzas dispersas, se trata de recomponer vínculos y renovar proyectos comunes desde una plataforma política y ética de espectro amplio, capaz de leer y confrontar las múltiples capas de la dominación contemporánea —económicas, patriarcales, raciales, coloniales, generacionales, territoriales, culturales y simbólicas— que hoy operan de manera simultánea y articulada, y que exigen respuestas integrales, no fragmentadas, como condición indispensable para comprender y confrontar las múltiples dimensiones de la violencia sistémica y sus efectos desiguales sobre distintos cuerpos y territorios.
Esto nos desafía a salir de una política centrada únicamente en la resistencia defensiva, para preguntarnos qué horizontes de sentido, qué prácticas y qué condiciones materiales estamos contribuyendo realmente a abrir para las nuevas generaciones y para la sostenibilidad de la vida en nuestra Madre Tierra.
Nuestra acción ha de partir de estas convicciones y desafíos; de la idea de que juntarnos no es simplemente agrupar fuerzas, sino salir de la dispersión hacia una articulación que reconozca afinidades profundas, responsabilidades compartidas y compromisos concretos con los pueblos y territorios. Sin tejido colectivo no hay resistencia, y sin horizonte compartido la indignación se agota.
El reto urgente es contribuir a esa recomposición desde lo que somos, sabemos hacer y podemos sostener, con una apuesta deliberada por procesos duraderos que conecten el análisis crítico con la acción transformadora, desde una espiritualidad liberadora.
Criterios políticos para priorizar (acuerdos de fondo)
Para ordenar la discusión y evitar que la trabajo se diluya entre urgencias coyunturales, debemos asumir explícitamente un conjunto de criterios estratégicos que atraviesen todos los ejes. No se trata de un listado de valores ni de una síntesis programática, sino de reglas políticas de discernimiento para decidir dónde poner la energía, qué sostener en el tiempo y qué dejar pasar.
- No dispersión: en condiciones de precariedad material, política y humana, decir no también es una decisión política. Priorizar implica renunciar conscientemente a iniciativas que, aunque valiosas, no podemos sostener sin fragmentarnos.
- Proceso sobre evento: privilegiar dinámicas sostenidas, acumulativas y con proyección en el tiempo frente a acciones aisladas, reactivas o meramente simbólicas. Lo que no construye proceso difícilmente construye poder colectivo.
- Articulación real: no se trata de sumar nombres, logos o adhesiones formales, sino de construir vínculos con capacidad efectiva de análisis compartido, toma de decisiones y acción conjunta. La articulación es un medio para actuar mejor, no un fin en sí mismo.
- Lectura estructural del conflicto: priorizar iniciativas que ayuden a comprender y enfrentar las causas profundas de la violencia y el despojo, evitando quedar atrapados únicamente en la gestión de síntomas o en la respuesta coyuntural permanente.
- Coherencia ética y política: los medios importan. Las formas de trabajo, las alianzas y las decisiones deben ser coherentes con el horizonte que decimos defender, incluso —y sobre todo— bajo presión, urgencia o conflicto.
Por ello, en amistad y colaboración cercanas con las organizaciones que el Fondo apoya, de manera especial con el Secretariado Social Mexicano, la Fundacion Don Sergio Méndez Arceo, el Servicio Internacional Cristiano de Solidaridad con América Latina “Mons. Oscar Arnulfo Romero” (Sicsal-México), Casanicolás. Casa del Migrante y Mujeres para el Diálogo, entre otras, construimos una alianza estratégica que camina por 5 ejes estratégicos de trabajo compartido:
Eje 1. Fortalecimiento institucional
Es indispensable seguir apostando a reconstituir un piso institucional mínimo que permita sostener decisiones políticas, proteger la identidad del proyecto y ampliar nuestra capacidad de articulación. El fortalecimiento institucional se entiende como condición estratégica para la autonomía, la continuidad y la acción colectiva en un escenario de alta disputa y fragmentación.
Eje 2. Voz pública, posicionamientos y coyuntura.
La voz pública no puede responder a la lógica de la urgencia permanente ni a la presión de “opinar sobre todo”. En un contexto saturado de declaraciones, comunicados y pronunciamientos reactivos, el desafío es intervenir con sentido político, cuidando el momento, el tono y el lugar desde donde se habla. Este eje busca consolidar una voz reconocible, situada y estratégica, capaz de incidir en la coyuntura sin diluir el horizonte ni desgastar innecesariamente las fuerzas disponibles.
Eje 3. Articulación política y reconstrucción del tejido colectivo
¿Cómo pasar de la coincidencia discursiva y la suma de esfuerzos aislados a procesos reales de articulación política con capacidad de lectura compartida, decisión y acción colectiva? La fragmentación no es solo un efecto del desgaste o de la precariedad: es hoy una condición funcional al orden de guerra que domina la realidad. Frente a ello, la articulación política no puede reducirse a agendas comunes ocasionales, pronunciamientos conjuntos o espacios de encuentro sin continuidad. Lo que está en juego es la reconstrucción de vínculos políticos vivos, capaces de sostener análisis compartidos, asumir riesgos colectivos y proyectar acciones más allá de la coyuntura inmediata.
Este eje no busca “liderar” ni “coordinar” a otros, sino ofrecer un espacio y una práctica de articulación exigente, donde el encuentro esté orientado a producir sentido, estrategia y acción común, y no solo consenso mínimo o acompañamiento simbólico.
Eje 4. Formación política y pensamiento crítico
¿Cómo sostener procesos de formación política que fortalezcan la lectura crítica de la realidad, articulen reflexión y acción, y contribuyan a recomponer el tejido político en un contexto de fragmentación y desgaste? La formación política no es un complemento pedagógico ni un ejercicio académico aislado, sino una condición estratégica para la acción colectiva. En un escenario marcado por la saturación informativa, la reacción inmediata y el empobrecimiento del debate público, el desafío no es producir más contenidos, sino generar pensamiento situado, capaz de nombrar los conflictos, leer sus causas estructurales y abrir horizontes de sentido y de acción.
En este eje, la Revista Contacto ocupa un lugar central como herramienta múltiple: espacio de análisis, memoria crítica, articulación entre voces diversas y puente entre reflexión, espiritualidad y compromiso político. Su fortalecimiento no responde solo a una lógica editorial, sino a la necesidad de sostener una palabra pública con densidad pedagógica, que alimente otros ejes de la agenda y dialogue con procesos organizativos reales.
Eje 5. Comunicación popular para otro mundo posible
¿Cómo construir una estrategia de comunicación que no se limite a difundir actividades, sino que contribuya a la organización, la articulación política y la disputa de sentidos en el escenario actual? La comunicación no es un área de apoyo ni una función técnica subordinada, sino un campo de intervención política. En un contexto de saturación informativa, manipulación mediática y disciplinamiento social, comunicar implica disputar narrativas, habilitar la palabra colectiva y fortalecer vínculos entre procesos diversos. Desde esta perspectiva, la comunicación popular no busca solo visibilidad, sino capacidad de incidencia, reconocimiento mutuo y acción compartida.
Se cuenta ya con una base sobre la cual avanzar —página web, redes sociales, producción de contenidos propios— que debe ser asumida no como un conjunto de herramientas dispersas, sino como un ecosistema comunicativo en construcción, articulado a la agenda política y a los ejes estratégicos. La participación activa en la Cooperativa Tecnológica Primero de Mayo se inscribe en esta apuesta: una infraestructura digital coherente con nuestros principios, orientada a la soberanía tecnológica, la seguridad colectiva y el fortalecimiento de redes afines.
